jueves, 27 de diciembre de 2007

Cosas que cambian para seguir igual

Daniel Innerarity es un profesor de filosofía de la Universidad de Zaragoza que escribe cosas muy interesantes. Es articulista habitual en los medios de PRISA y en El Correo Español/El Pueblo Vasco; autor de ensayos muy aconsejables y repetidamente premiados como "La transformación de la política" o "La sociedad invisible". Ayer, miércoles 26 de diciembre de 2007, escribió en "El País" un artículo titulado "Una política sin heroes" (en la columna de la derecha hay un enlace que permite leerlo íntegramente). El profesor defiende que se han acabado los tiempos de la épica en la política, que ya no se podrán justificar las decisiones políticas en base a principios incontestables, que ya no hay ni saber asegurado, ni consenso social, ni liderazgos unificadores. Viene a decir que pasaron los días de la política en mayúsculas que, en realidad, tenía poco de política ya que la verdadera se escribe en minúsculas, se hace entre todos y cada día y es, más que otra cosa, incierta.
No queda claro a que tiempos y que países se refiere Innenarity. Su discurso nos recuerda alguna obviedad y se para en el terreno de lo retórico (pese a que empieza el artículo asegurando que lo primero que se debe hacer siempre es “examinar si la retórica coincide con la realidad”).
No creo cierto que las “seguridades ideológicas” estén en crisis. Limitándonos a España y su entorno hay temas que están fuera del debate, que se dan por establecidos. Algunas veces se consigue la unanimidad social de hecho por la vía de cerrar el paso a cualquier postura crítica, es el caso de los temas económicos, las grandes instituciones, el funcionamiento de las grandes empresas,… Otras veces hay discursos que a fuerza de repetirlos se supone que son prueba de que se está haciendo alguna cosa cuando la inacción es total: me refiero a la lucha contra la pobreza, al cuarto mundo que vive entre nosotros, a la democracia en los partidos, a la comunicación democrática, a la protección del territorio, a la preservación del medio ambiente… La misma libertad de expresión, pocas cosas hay más desiguales; existe para todos pero hay quien limita su audiencia a la pareja y al vecino y quien llega a millones de personas, cada día y con estrategias perfectamente diseñadas.
El pluralismo político no va a más, se está reduciendo. Hay que ver si no la composición de los Parlamentos españoles, centrales y autonómicos, y es fácil darse cuenta de que cada vez hay más bipartidismo, PP y PSOE. Junto a esto es preciso observar que la distancia entre los dos grandes partidos también se recorta. Es lo que se denomina “viaje al centro”. O, dicho de otra forma, la izquierda se hace más de derechas y la derecha abandona el Valle de los Caídos. Las tesis de Bobbio sobre este tema siguen vigentes. El mismo Innenarity, en un escrito también en “el País” que se titulaba “La realidad es de derechas” apuntaba, tiempo atrás, en una dirección muy atractiva cuando se preguntaba porque la innovación que se da en tantos campos de la actividad humana no se da en la política
La desaparición de los políticos-héroes que señala el profesor no es para nada sinónimo, como él parece dar por hecho, de dirigentes abiertos a las críticas, tolerantes, incluso autocríticos. El blindaje de los actuales dirigentes políticos respecto de los ciudadanos es inmenso y crece. La distancia se hace mayor. El caudillismo abunda, el culto a la personalidad no ha muerto. Vivimos el espejismo de los periodos electorales, y vuelta a las andadas. Obsérvese lo que cuesta ver en los medios una entrevista comprometida con los grandes gobernantes, mírese lo que nos llega a través de la televisión. ¿Dónde está la investigación de los grandes escándalos? ¿Para cuando la revisión de cómo trabajan las empresas con facturaciones más altas? Hay más periodistas en los gabinetes de prensa de las corporaciones y de las distintas instituciones que en los medios de comunicación al uso. Es cierto: las grandes verdades no existen. Pero las grandes mentiras, sí. Y están entre nosotros.
Me parece que nuestros dirigentes políticos de hoy, y no sólo los políticos, ya saben, desde hace tiempo, que estamos en el postheroismo. Por eso se han inventado las trampas necesarias para seguir en la impunidad, como los heroes. Distinta a la de hace años pero también impune. Una reflexión sobre como evitar esto sería lo que yo agradecería. El postheroismo es una puerta abierta a nuevas posibilidades, a mejores realidades pero la entrada en ellas no es automática. Como contrapunto al artículo de Innenarity se puede leer una entrevista que hoy mismo publica "El Mundo" y que se encabeza con el destacado "Los franceses me eligieron porque les hablé con el lenguaje de la verdad". ¿Es un heroe? ¿Es el Mesías? Es Sarkozy.

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