miércoles, 21 de noviembre de 2007

Regular la libertad de expresión no es censurar

Se acaba la legislatura Zapatero y, pese a las promesas, España continúa sin tener una autoridad superior e independiente encargada de regular el funcionamiento, desarrollo y contenidos de los medios audiovisuales. Caso único en Europa. Pocas voces claman por esa futura instancia reguladora, es verdad. Unos por falta de confianza, otros por hartazgo y otros, los que más ruido hacen, porque ya están bien como están, el caso es que pocos parecen ver la necesidad de una autoridad reguladora. En la cúpula de los medios se dice que el Consejo no es necesario porque es sinónimo de censura. Hace cuatro años, y bajo los auspicios de la vicepresidenta del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega, los distintos operadores españoles de televisión llegaron a unos acuerdos de autorregulación que pretendían mejorar la calidad de los contenidos y adecuarlos a las distintas franjas horarias. Pasado todo este tiempo sólo es preciso asomarse a las parrilas de programación para ver que de lo dicho nada.
La puesta en marcha de organismos reguladores siempre molesta a aquellos que se aprovechan de la falta de normativas. Hoy la televisión está llena de hombres de negocios que se están haciendo multimillonarios, políticos sin escrúpulos que dictan contenidos y mercenarios disfrazados de profesionales que ejecutan sin pestañear. Este inmenso grupo no quiere un Consejo del Audiovisual. Claro. Igual que los ladrones no querrían que hubiera policía, los pirómanos, bomberos, y los defraudadores de impuestos, inspectores de Hacienda. No es cierto que regular la libertad de expresión sea censura. En nombre de la libertad se están manipulando informativos, se está haciendo apología de los peores ejemplos y entronizando a los personajes más indolentes, vagos y descerebrados de nuestra sociedad. El sectarismo, la ausencia de pluralismo y la anulación de los profesionales ya son un hecho. Un Consejo del Audiovisual no traería la censura porque ésta ya está entre nosotros, y de que manera. El Consejo no es el problema, es la solución, o un intento por llegar a ella. No todo vale en nombre de la libertad de expresión como no vale la esclavitud en nombre de la libertad de mercado. Es bueno regular las libertades ya que, en contra de lo que puede parecer y en contra de lo que mantienen los falsos liberales, es la mejor manera de garantizar su ejercicio para el mayor número de gente posible. Robert Lammenais, un sacerdote francés del siglo XIX, representante del catolicismo liberal, decía que "donde hay fuertes y débiles, la libertad oprime y la ley, libera". Quedamos a la espera de la Ley del Consejo del Audiovisual. A ver si en la próxima legislatura hay suerte.

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