jueves, 4 de octubre de 2007

Libertad de expresión, peligro a la carta

Hace unos días, Catalunya Ràdio anunció a la escritora Cristina Peri-Rossi que pensaba prescindir de ella como comentarista de uno de sus programas. La razón: no hablaba catalán. La emisora tiene como una de sus principios fundacionales la promoción del catalán. Peri-Rossi llevaba muchos años en Catalunya Ràdio, expresándose en castellano. Nadie nunca le había dicho nada. Ahora la dirección de la emisora ha decidido que no hablar catalán la invalidaba. Parece una decisión injustificada. Será por eso que el despido ha sido rectificado y que el propio director de Catalunya Ràdio ha pedido disculpas a la escritora uruguaya. Veremos si Peri-Rossi acepta ahora el "donde-dije-digo-..."
Que al final todo se quede como estaba no obsta para que todo lo que ha provocado el veto inicial merezca algún comentario. Es comprensible que si una emisora existe para promocionar un idioma, quien participe en ella lo hable; pero en una sociedad bilingüe como la catalana, incluso con ese principio fundacional, parece razonable que tengan cabida los castellanoparlantes. Resultaría extraño que fueran mayoría pero es poco sensato que haya reglas para las que no se contemplan excepciones.
Dicho esto. Sorprende ver como distintos medios de comunicación, situados en la órbita del Partido Popular, han puesto el grito en el cielo por la situación. Hablan de atentado a la libertad de expresión, del sectarismo de los nacionalistas catalanes, de persecución, incluso hacen comparaciones con el nazismo. Lo malo no es que sean exagerados, lo malo es que es trampa. Una trampa en la caen, como palmeros útiles, un largo listado de periodistas, escritores e intelectuales varios que han firmado documentos de solidaridad con Peri-Rossi. Seguro que entre ellos manda la buena fe, pero en la lista aparecen también los inevitables nombres que sólo detectan peligros para la libertad de expresión cuando les interesa, cuando los que cometen el exceso o perpetran la felonía son los enemigos de su cruzada antinacionalista (nacionalismo periférico, ya que el español les molesta menos, o nada).Eso, y el negocio, claro que, las más de las veces, es lo mismo.
La mentira de esos medios afines al PP, y de los mencionados inevitables, es que se olvidan y no se preocupan de las decenas, centenares, de periodistas censurados, perseguidos, ninguneados y silenciados en los distintos medios públicos controlados por el PP. Ante eso, miran hacia otra parte. Por no hablar del nivel de pluralismo de los medios privados más cercanos a los populares. No se les ha oído nunca decir nada de como funcionaba la TVG en tiempos de Fraga, ni de la TVE de Urdaci, ni del Canal 9 siempre dirigido por los jefes de propaganda de Zaplana o Camps, ni de como Esperanza Aguirre corta y pega en Telemadrid, ni de la IB3 comandada por la secretaria de Jaume Matas. Por supuesto nunca se han preocupado de como son las tertulias políticas en las radios autonómicas gobernadas por el PP, ni de quien participa en ellas. Pero, claro, lo de Catalunya Ràdio es una atentado a la libertad de expresión. El único. Lo demás no existe. Supongo que es casual que estos medios a quienes tanto preocupa lo que pasa en Catalunya Ràdio y tan poco lo que sucede en las emisoras dirigidas por el PP formen parte de empresas con productoras que se forran a costa de las televisiones públicas de los "populares"; empresas que, además, han copado todas las licencias de los canales de digital terrestre que los gobiernos del PP han repartido. Todo casualidad.

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