viernes, 21 de septiembre de 2007

Comunicación, negocios y campañas.

Leo en "El País" de hoy viernes la reseña del homenaje a Jesús de Polanco. Como siempre que ese periódico se refiere a la cuestión, el tratamiento a Polanco es de jefe de estado. Excesivo, por más que fuera el gran jefe, el gran padre. En el acto todo fueron loas y apelaciones a la libertad de expresión. Soy lector de "El País", quede claro. Ya se que los de enfrente son sinvergüenzas y manipuladores a quienes sólo preocupa el triunfo del PP y sus cuentas corrientes (que viene a ser lo mismo). Pero me cansan estas ceremonias de la libertad que fijan el umbral de peligro para la democracia en ese punto donde los intereses de PRISA se pueden ver afectados; como si la libertad de expresión sólo se tambaleara cuando quien recibe una amenaza es PRISA, como si los únicos periodistas independientes estuvieran en esa casa. Me agota que sean ceremonias orquestadas por Juan Luis Cebrián, con Felipe González y Ruiz Gallardón. Ese periodista que ya ocupó cargos en tiempos de Franco; ese político socialista a quien, por ejemplo, no llamó la atención como TVE cubrió el referendum de la OTAN cuando el presidía el Gobierno; ese alcalde de Madrid que no dudó en llevarse por delante a todo un equipo directivo de Telemadrid por un reportaje sobre Euskadi que no le gustó. Que el enemigo sea malo, no quiere decir que estos sean buenos.

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