viernes, 27 de julio de 2007

Nadie ve a la "consellera" de cultura

El hombre es un animal político. Si lo dijo Aristóteles, bien dicho está. Claro que, desde Aristóteles han pasado ya 2400 años y el concepto de política ha sufrido mucho zarandeo. Dije ayer que revisaría las audiencias del programa matinal, empieza a las 9'20, de Canal 9 llamado "La Tertulia". Buena parte de las personas entrevistadas son políticos. Sobre los criterios de selección de los invitados ya expliqué que son plurales, a la manera Canal 9. De los últimos 13, 11 son miembros del gobierno de la Generalitat presidido por Francisco Camps, Partido Popular, y los otros dos, un empresario del sector turístico y un directivo de una empresa dependiente de la propia Generalitat. A estos dos los obviaré.
Lo dicho, las audiencias. Los tres vicepresidentes, Vicent Rambla, Gerardo Camps y Juan Cotino tuvieron, respectivamente, un 2'2 de share(% sobre los que están mirando la televisión), un 2 y un 0'2; en espectadores, 5000, 4000 y 1000. Pocos, pocos.
En cuanto a los distintos "consellers", el más visto fue Serafín Castellano, un 5'8 de share (9000 espectadores). Por debajo de él, Manuel Cervera se quedó en el 4 (8000); Alejandro Font de Mora, en el 3'7 (7000) y, una décima menos, Fernando de Rosa, 3'6 (7000). La entrevista con Maritina Hernández obtuvo un 2'8 (5000); Angélica Such, un 2'2 (4000), y José Ramón García Antón, un 1'4 (3000). La invisible, todo un record, fue Trinidad Miró, nueva responsable de cultura, que tuvo un share del 0'1, un seguimiento tan reducido que no llega a contabilizar un solo espectador, cero, nadie. Piénsese que estamos hablando de un público potencial superior a los 4 millones de personas y que a esas hora de la mañana más de 200.000 personas están ante el televisor.
El programa en cuestión, "la Tertulia", tiene protagonistas políticos pero huye de la política como la entendía Aristóteles. No hay debate, no hay controversia, no fomenta la participación política ciudadana. Las referencias políticas que ofrece Canal 9 son exclusivamente de escaparate, propaganda. El mensaje puede llegar a calar pero no por el interés que despierta sino porque se constituye en discurso hegemónico, exclusivo. Por eso nadie sigue los programas de contenido político de Canal 9 pero esa inmensa mayoría ausente acaba votando a los mismos que no ve. Así que animales políticos, sí pero 2400 años después, animales domesticados.

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