martes, 31 de julio de 2007

"La Vanguardia" y Valencia

Esta texto será un poco más largo de lo habitual. Lo advierto y me disculpo.
En poco más de dos semanas el diario "La Vanguardia" ha publicado tres artículos sobre el País Valenciano, sobre su realidad social y política. El 7 de julio, Gregorio Morán incide, sobre todo, en la pésima gestión política, el pobre nivel, de los socialistas valencianos para explicar el poder a perpetuidad que parece haber caído en manos del PP. Deja algunas preguntas sin respuesta, se apunta a la tesis de la sociedad líquida para explicar las contradicciones que se observan en Valencia y cuando cita a Rafael Blasco, el político que fue "conseller" con los socialistas y ahora lo es con el PP, le llama Ricardo.
El día 23, Josep Vicent Boira, profesor de la Universidad de Valencia, es quien, sin citarlo, toma el título de un libro de Joan Fuster, "Destinat sobretot a valencians", y escribe "Destinado, sobre todo, a catalanes". Pretende Boira huir de determinados tópicos que, según él, circulan por Cataluña sobre Valencia. Creo que se trata de un artículo tramposo ya que plantea grandes afirmaciones (mucha brocha gorda) que supuestamente se pueden hacer desde Cataluña y luego las refuta. Cojea Boira del mal que critica. Cae el profesor en el tópico de pensar que en Cataluña sólo se tiene una imagen de Valencia, sin matices, y eso no es cierto. Que si Valencia es de derechas, que si todo son fastos, que si es España en estado puro, que si se tiene que ir a los Països Catalans, que si los valencianos son anticatalanes, etc. Pues no, claro que esos tópicos no son absolutamente ciertos. Pero es que las grandes afirmaciones las hace el propio Boira y, por falta de matices, son propias de la barra de un bar. Claro, por tanto, que deben ser negadas. Lo que pasa es que decir que no son verdades absolutas no quiere decir que no sean parcialmente ciertas. Y esa no es la imagen que deja la lectura del texto de Boira. En Valencia, en general, hay una preocupación por lo que estarán tramando los catalanes que debería ser revisada. Esa preocupación está en el artículo de Josep Vicent Boira.
Como está también un cierto deslumbramiento, "cierto que vamos como una moto", dice, por la transformación del país; sin reparar ni en como se está produciendo esta transformación, ni en que sectores se están quedando atrás. En el asombro admirativo se detiene también el artículo "Barcelona, a dos velas; Valencia, a toda vela" de Enric Juliana en "La Vanguardia" del 29 de julio. Aprovecha Juliana el apagón de Barcelona para hacer un juego de palabras que deja en mal lugar a la capital catalana en comparación a Valencia. Usa como referencia de sus afirmaciones a Rafael Blasco, con quien comparte comida y de quien hace un breve perfil. Recuerda que fue "conseller" con el PSOE-PSPV y hoy lo es con el PP. Destaca que es un hobre que sabe, que es temido y suena todo a aplauso al político sin escrúpulos, intrigante y maniobrero. En el perfil del personaje olvida que su salida del gobierno socialista no fue, como apunta, porque Lerma impusiera la ley del silencio sino porque estuvo implicado en una caso de corrupción urbanística siendo "conseller" del ramo. Casi nada. La admiración de Juliana no se detiene tampoco en reflexionar sobre el clima político de Valencia, sobre la falta de alternativas, sobre el inexistente debate, sobre la perdida de referencias públicas, en definitiva sobre la "congelación de la política" que se vive en el País Valenciano. Cita Juliana el apagón de Barcelona pero yo no se si los catalanes digerirían como los valencianos que TV3 fuera como Canal 9, que 43 muertos en el metro no fueran responsabilidad de nadie, que pasen los años y sigan los casos de legionella en Alcoi, que los alcaldes con problemas judiciales se conviertan en diputados para escapar de la ley, que casi 40.000 niños valencianos estudien en barracones, que la Generalitat esté acusada de dobles contabilidades y de pagar en paraísos fiscales o de ser cómplice de una trama de facturas falsas en Terra Mítica. Creo que Juliana, siempre tan certero en sus análisis sobre la política en Madrid o Barcelona, debería considerar la posibilidad de tomarse algo más de tiempo antes de dictar sentencias sobre realidades que le son un poco más ajenas.

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