lunes, 9 de julio de 2007

El dedo

Cuesta entender de que están hechos los políticos en ejercicio. Se hace difícil medir a cuantos rasgos de su carácter deben renunciar para seguir en su cargo. No se entiende que muestren tan poco orgullo, autoestima, dignidad. En el Partido Socialista del País Valenciano, derrotados en 27-M, se desayunan cada día con un nuevo desaire desde Madrid, desde el PSOE. Con un nuevo ninguneo, desprecio. Pero siguen. Nadie dimite, nadie se va. Nadie dice que no. Ahora Zapatero propone a Jordi Sevilla como futuro secetario general de los socialistas valencianos. El ex ministro Sevilla nunca ha tenido, ni ha mostrado interés por tener, demasiada presencia en la política valenciana. Siempre ha dicho que su vida y sus intereses estaban en Madrid. Claro que si Zapatero le elige... Parece mal camino. Lo parece sin que eso signifique invalidar a Sevilla o creer que el partido puede tener futuro si las decisiones las toman el puzzle de sectas prehistóricas autóctonas que vampirizan desde hace años al PSPV. Ciertamente se antoja recomendable buscar las soluciones por vías poco trilladas, intentando innovar, renovar o inventar los métodos. Todo lo hecho hasta ahora se ha demostrado inútil. Pero también las genialidades auspiciadas desde Ferraz (o Moncloa). El ejemplo Alborch/Ayuntameinto de Valencia debería servir de escarmiento. Las cosas en la izquierda no acostumbran a salir bien cuando se hacen de arriba a abajo. Lo grave no es que la primera palabra en el desembarco de Sevilla fuera de Zapatero y la última, eso dicen, vaya a ser cosa del propio Sevilla, lo malo es que no parece que entre una y otra quede sitio para que la ciudadanía, ni siquiera la militancia, pueda decir la suya. Menuda democracia. Sin profundizar mucho me recuerda el "dedazo" de Aznar a Rajoy.

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