domingo, 1 de diciembre de 2019

LA CUMBRE DEL CLIMA Y DEL AMOR




Estamos enfermos, gravemente enfermos. Terminales si no empezamos el tratamiento con decisión y rapidez. Nos lo dicen miles de especialistas de todo el mundo, los mejores, los más fiables. Necesitamos una intervención quirúrgica seria y urgente pero parece seguimos en manos de masajistas y especialistas en cosmética para que parezca que hacemos aunque no hagamos nada. Y, claro, nuestra enfermedad empeora y su solución cada día es más complicada.

Así estamos, más o menos, en relación al Cambio Climático. Sabemos lo que nos pasa, nuestra supervivencia en el planeta está en entredicho, pero no hacemos lo que tenemos que hacer. Tenemos el diagnóstico, la terapia recetada, pero no la cumplimos. Lo pagarán nuestros hijos e hijas, esos a los que tanto decimos querer, esos por los que nos desvivimos, esos por cuya seguridad decimos estar dispuestos a jugarnos la vida. A ellos estamos abocando a un mundo inhabitable. Nuestro egoísmo y nuestra irresponsabilidad serán su sacrificio. A estas alturas ya solamente estamos en condiciones de decidir a qué nivel de sacrificio les vamos a someter.

Viene toda esta introducción a cuenta del inicio de la Cumbre del Clima de Madrid, la COP25. Casi 200 países compartiendo su preocupación por la emergencia climática y  decidiendo nuevas medidas para adaptarnos a ella y minimizarla. La COP 21 de París fue el punto de inflexión: con toda la solemnidad del mundo se acordó que no se podía superar el grado y medio de aumento de temperatura a finales de siglo, dos a lo sumo, y que, para ello, era necesario que todos los estados se comprometieran a rebajar sus emisiones, a descarbonizarse y a transitar a un modelo productivo más sostenible. Luego, las siguientes COPs han tenido en común lemas que hablaban de “pasar de las palabras a los hechos” pero, sistemáticamente, las conclusiones finales han decepcionantes, lo han dejado todo para más adelante y han evidenciado que seguíamos en la retórica. El gran acuerdo unánime de París sigue esperando verse concretado en acciones efectivas. Por el camino, además, han llegado nuevos gobiernos “negacionistas” del Cambio Climático, Estados Unidos se ha echado a un lado y grandes emisores como China o la India se ponen de perfil.

Ante la emergencia climática, el último informe de Naciones Unidas ya sitúa el posible aumento de las temperaturas a final de siglo por encima de los tres grados y plantea que para evitarlo tenemos que conseguir una reducción de emisiones superior al 7% de manera sostenida en los próximos diez años. La realidad, pese a las cumbres y las palabras solemnes, desafortunadamente va por otro lado.  La Organización Meteorológica Mundial asegura que las emisiones de gases de efecto invernadero no solo no se reducen sino que crecen. Es decir, tenemos que ir marcha atrás y ni tan siquiera somos capaces de frenar nuestro avance. La presencia de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera ya supera las 410 partes por millón, algo que no sucedía desde hace 3 millones de años, cuando el ser humano todavía no habitaba la tierra. Los países se resisten a aminorar sus impactos climáticos de forma unilateral porque todos temen perder competitividad. Nadie le pone el cascabel al gato, las empresas se publicitan en verde pero siguen trabajando en marrón, los dirigentes políticos no se atreven a decir basta, nadie ejerce de autoridad global.


La COP25 de Madrid ha de ser, sin más excusas, la estación del cambio. El inicio real de una transición ecológica que nos lleve desde el mito del crecimiento infinito y suicida a una prosperidad compartida. Tomemos de una vez, y de verdad, nuestra crisis climática como una oportunidad de cambio. Arriesguemos. Arriesguen sus beneficios económicos las empresas, arriesguen sus votos los políticos. Quien antes empiece mejor librado saldrá. No puede ser que con una mano sigamos arropando amorosamente a nuestras hijas cada noche mientras con la otra, como quien no quiere la cosa, les apretamos su delicado cuello hasta ahogarlas.




(Foto: Europa Press)

martes, 5 de noviembre de 2019

EL RETO ES DEMOSTRARLES QUE SE EQUIVOCAN





La política española que, hace cinco años, pasó página del bipartidismo para acercar las instituciones a unas calles que se había llenado de indignados en el 15M, ha vuelto a 2014.
Por decirlo de otra manera, los poderosos que sintieron el peligro de un verdadero cambio político, digo cambio, no digo revolución ni nada parecido, ya vuelven a estar tranquilos. Después del domingo gobernará de nuevo la derecha, con o sin el PSOE pero la derecha: el IBEX, el Santander, Florentino, Amancio Ortega,  Mercadona y la CEOE. Amortizado el 15-M, vuelve lo normal, lo de siempere... Y, claro, empieza un nuevo proceso de indignación general que ya veremos lo que tardará en generar otra oportunidad de cambio.
Gobernará la derecha porque para que gobierne la izquierda deben sumar sus votos el PSOE, Podemos y los nacionalistas de izquierdas, los separatistas. Y eso sí que no. Es decir, Sánchez se niega a reeditar el acuerdo que lo hizo presidente. La bandera, por delante. Pues no será presidente, o lo será pactando con la derecha, lógicamente, políticas de derechas. Sencillo, ¿no?
Y otra cosa, negar la evidencia no modifica la realidad. Ayer en el debate entre los cinco mayoritarios sólo un señor que representa el 14% de los votos reconoció que España es plurinacional, Iglesias que se quedó solo en esa afirmación.  Así las cosas o está muy equivocado Iglesias o España tiene un grave problema para reconocerse. Yo creo más que es lo segundo. Desandamos la Constitución en dirección a VOX. O sea, menos libertades, menos derechos, más desigualdad, más Trump. Qué casual,  el mismo día que los Estados Unidos, ese país ejemplar del tanto tienes tanto vales, se sale de los Acuerdos de París contra el Cambio Climático. Un tema que, por cierto, casi ni se mencionó en el debate. Dicen que es la principal amenaza de la Humanidad pero no hay manera de entrar en un debate sobre él. Es incómodo. Eso sí sería un motor de transformación social que conectaría con el 15M, y ya he empezado diciendo que eso se da por amortizado.
El reto es demostrarles que se equivocan.

viernes, 5 de julio de 2019

LOS INCENDIOS FORESTALES COMO SÍNTOMA


Agosto de 2018, casi 3.000 hectáreas quemadas en el incendio que afectó siete términos municipales del entorno de Gandia. (Foto: José Jordán)


Este fin de semana, y vendrán más, pinta complicado en tema de incendios forestal. Los grandes fuegos causan una gran alarma, suponen perder patrimonio, biodiversidad, paisaje y, a veces, hasta algunas vidas. En realidad, la gravedad de un incendio es, solamente, la punta del iceberg de un proceso dramático: dejamos morir aquello que pensamos que no es útil para nuestro día a día, se está muriendo nuestro mundo rural, nuestros bosques, nuestra agricultura, nuestros pueblos. Sí, vivimos de espaldas a una parte de nuestro territorio, mejor dicho, lo despreciamos, lo abandonamos, lo maltratamos. Pero como formamos parte de un único ecosistema, cuando lo despreciado, lo abandonado y lo maltratado sufren, las consecuencias las pagamos todos.
Y, en esto, tampoco nos queda mucho tiempo. Y no basta con dejar hacer, es decir, no hacer nada; toca actuar, cambiar, revertir hábitos.
Así que no voy a hablar de lo que deben hacer las administraciones al respecto sino de aquello que la sociedad se debe plantear. La acción política, la noble, solo es disponer de la valentía suficiente para  aplicar aquello que reclama la mayoría de gente que piensa seriamente en un determinado tema.
Cuando el mundo rural daba para vivir quienes en él estaban lo cuidaban, nos lo cuidaban. Hoy ya no da para vivir, por eso se vacía. Lo que no queremos aceptar es que esa despoblación nos llevará a todos a no poder vivir donde vivimos, también a los que vivimos, por ejemplo, en Valencia.
Sí, estamos hablando de economía. Nuestras decisiones deciden nuestro paisaje. Si seguimos comprando los muebles que vienen de Suecia, la carne de Argentina, las frutas de Sudáfrica y las patatas de Marruecos, no tenemos futuro.
Nuestro modelo de vida tiene que variar y enfocarse a un consumo de proximidad, deberemos comer lo que se cultiva cerca de nosotros, usar lo que se elabora en nuestro entorno y hay que estar dispuesto a recompensar los esfuerzos por mantener el mundo rural. Hay que volver a él. Eso es lo que tienen que procurar las administraciones con leyes y presupuestos que estén al lado de los vulnerables, la inmensa mayoría, y desoigan a los grandes poderes económicos.
Dinero, sí, necesitamos dinero, mucho, para fabricar el paisaje que necesitamos, para ordenar razonablemente nuestros bosques, para luchar también en ellos contra la crisis climática. Invertir en eso. Las grandes inversiones urbanísticas, los nudos de transporte ambiciosos, los grandes aeropuertos o las grandes factorías tienen mil palmeros pero, cuando las cosas se pongan feas, no nos darán de comer, ni de respirar.
Los árboles, nuestros montes, nuestra flora y nuestra fauna, sí. Pero con inviernos cada vez más secos, con primaveras escasas de lluvia y verano más y más largos y más y más calurosos ya podemos irnos preparando. Los grandes incendios serán frecuentes y altamente destructivos. Sí, también en Valencia. Y por más que metamos bomberos y soldados, helicópteros e hidroaviones nuestro territorio seguirá muriéndose porque nuestra economía ya lo ha condenado. Prevenir es la mejor manera de evitar el mal y eso se hace con campos de cultivos a pleno rendimiento, no abandonados; con ganados en nuestros montes y con mucha gente viviendo dignamente de un aprovechamiento diverso de nuestros bosques.


miércoles, 3 de julio de 2019

EL 79% DEL CENSO NO VOTÓ A SANCHEZ EL PASADO 28 DE ABRIL, ASÍ QUE MENOS LOBO...

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, a las puertas del Congreso, durante la pasada legislatura. (Foto: Europa Press)

Ahora que ya tenemos fecha para la investidura, un par de reflexiones sobre ella:
1. El PSOE, sus portavoces y sus voceros, que los tiene y muchos, no paran con el "racarraca" de la inevitable elección de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Repiten hasta el hartazgo que "es la decisión inequívoca de los españoles". Pues no. El PSOE tuvo el pasado 28 de abril 7'4 millones votos. El censo estaba por encima de los 35 millones. Es decir, que fueron el 21% de los españoles con derecho a voto los que se decantaron por Sánchez. O dicho de otra forma, el 79% de  las personas que podían votar aquel día no apoyaron al PSOE. No quiere esto decir que no pueda, o deba, ser presidente Sánchez. Lo que quiere decir es que seria deseable algo más de modestia.
2. Lo que sí es cierto es que, después de una campaña abiertamente polarizada entre la posibilidad de un derecha mayoritaria gracias a sus tres patas modelo andaluz (PP, Ciudadanos y VOX) o un triunfo de la izquierda con el PSOE gobernante, el resultado fue este último. De ahí el grito de los votantes socialistas la noche misma de las elecciones: "Con Rivera, no; con Rivera, no". Por cierto, una demanda muy curiosa ya que durante la campaña, Sánchez jamás había insinuado esa posibilidad y, además, Ciudadanos la había negado. Así pues, el grito de los simpatizantes socialistas era como un "te lo decimos por si acaso", "con Rivera, no; con Rivera, no... que tú eres capaz".
3. Unidas Podemos tuvo un mal resultado, cierto. Pero las fuerzas no son tan desiguales. Conste que obtuvo la mitad de votos que el PSOE. Los socialistas, 7'4 millones; los de Iglesias, 3'7.  Y también es verdad que con Unidas Podemos solamente no se llega a 176, 123 más 42 se quedan en 165, pero los votos que, por la izquierda, podrían dar apoyo a un gobierno de coalición jamás dejarían de hacerlo por la presencia de Podemos, más bien al contrario. Y ahora que estamos en esto: "coalición" quiere decir gente de ambos partidos en el Consejos de Ministros. Lo que han etiquetado como de "cooperación", puestos en niveles inferiores de la administración, no es más que un paripé. Incluso en el supuesto de que los objetivos políticos estuvieran escritos y firmados, todo el mundo sabe que donde hay ministro no hay secretario de Estado o director general que tenga ningún poder efectivo. La jerarquía es la jerarquía.
4. Lo que no parece sensato, aunque sea lo que los poderosos del IBEX 35 quieren, es que con 123 votos el PSOE pueda hacer gobierno como si tuviera mayoría absoluta para después, según convenga, pactar a la carta: lo que interese a los poderosos se acuerda con la derecha y los avances de tipo social que no comprometan los grandes negocios se votan con la izquierda. En resumen, una vez más, el PSOE ejerciendo de izquierda del poder para garantizar que puedan seguir mandando los mismos de siempre, desde los mismos despachos y con el mismo lema: "en lo fundamental, que nada cambie". O dicho de otra manera: cuando gana la derecha; gobierna la derecha, y cuando gana la izquierda, también gobierna la derecha.
5. El que quiere (y reclama, y tiene hasta el visto bueno real) ser presidente del Gobierno es Pedro Sánchez. Por tanto, él es quien se tiene que mover, el que tiene que pedir, el que tiene que dar a cambio de recibir votos, el que tiene que negociar. Llevamos más de dos meses esperando. ¿A qué? ¿Se trata de ir afilando la Espada de Damocles de tener que volver a votar? Sánchez puede aspirar a ser presidente, por supuesto, pero no plenipotenciario. Si los y las votantes así lo hubieran querido le hubieran dado 176 escaños. Le dieron 123. Le faltan 53. Y esos votos se recogen escorando el programa, los objetivos y las políticas "53 grados" hacia el lado del que han de venir esos apoyos. Habrá que ser "53 grados" más transformador, más verde y menos IBEX si se quieren los votos de la izquierda o "53 grados" más IBEX, más marrón y más conservador si se quieren los votos de Rivera o de Casado. O una cosa o la otra; "en misa y repicando", queda feo. Diga lo que diga, una vez más, el editorial de "El País", defensor de la teoría de las "manos libres", la pelota está en el tejado del Sr. Sánchez.
6 y último. Miren este video, el propio Pedro Sánchez lo explica con absoluta claridad.




miércoles, 5 de junio de 2019

PLANETA ROBINSON



"No todo puede ser naufragar, nos va la vida en ello"
Tomo (y adapto) esta frase de Luis Eduardo Aute para un artículo en forma de tres píldoras y una conclusión.
1.
Ayer fue el Día Mundial del Medio Ambiente y no escuché ni una sola voz que aprovechara la fecha para reclamar la modificación del artículo 45 de la Constitución Española, que es el que regula nuestro "derecho a un medio ambiente adecuado". Se trata de un redactado caduco, declarativo y poco más. Creo que va siendo hora de revisar el precepto y, en primer lugar, pasarlo al grupo de derechos fundamentales y libertades públicas. A continuación, es obligatorio introducir los conceptos de sostenibilidad y no regresión, ligándolo a la garantía de acceso a un aire limpio, agua de calidad y energía asequible para el conjunto de la ciudadanía. Ayer nadie lo reclamó. Hay que hacerlo.

2.
Se acaban de celebrar elecciones legislativas en Dinamarca y sigue la tendencia, común en casi toda Europa, y no solamente en el norte, de que los partidos verdes ganan posiciones y sus avances son claves para detener el crecimiento de la ultraderecha. En Dinamarca, la "Alianza Rojiverde" está casi en el 10% del voto en un mapa muy fraccionado y será pieza clave en el futuro gobierno. Las elecciones tuvieron el tema de la inmigración como una de las cuestiones estrella. Ya se sabe, el terreno de las bajas pasiones siempre es sencillo de explotar. Pero en realidad, una encuesta hecha unos días antes de los comicios situaba esa cuestión como la tercera preocupación de los daneses. La primera, lo decían el 46 % de los encuestados, era el cambio climático.

3.
Los datos ponen de manifiesto que estamos en la cuenta atrás de los coches de uso privado tal y como los hemos conocido hasta ahora. Y dicen los especialistas que no hay retorno. En España llevamos siete meses con descensos en las ventas de alrededor del 6%. Las previsiones a nivel mundial, después de un mal año para el sector, es un nuevo retroceso de entre el 3 y el 4% para este 2019. Otra cifra, según la Dirección General de Tráfico, en 2017 hubo 800.000 nuevos conductores en España; en 2017, apenas 380.000. Claro que hay muchas cuestiones que ayudan a explicar lo que está sucediendo, desde la atrofia circulatoria de las ciudades a la precariedad en las condiciones laborales y los sueldos; desde los problemas ligados a los combustibles fósiles a las dudas sobre cómo será el coche del futuro. Pero, por encima de todo, hay una cambio cultural sobre la movilidad y, sin lugar a dudas, a la necesidad de reducir el impacto que el transporte de personas supone en la contaminación y el cambio climático.

La conclusión.
Es obligatorio que las instituciones recojan en las leyes lo que ya reclaman los ciudadanos en las urnas y expresan con sus comportamientos diarios. Los cambios están viniendo desde abajo pese al bombardeo publicitario y la persuasión propagandista del modelo económico del crecimiento infinito que no se resigna a dar su brazo a torcer. Su objetivo, pese a las evidencias, es intentar estirar su negocio lo máximo posible mientras preparan (no duden que lo están haciendo) el día después de su derrota. Por eso es necesario que el impulso transformador de la calle llegue lo antes posible a las leyes y, estás, como tiene que ser, se pongan al servicio del interés general y organicen los profundos cambios que vienen de forma justa y democrática. Lo dicho, no todo puede ser naufragar, nos va la vida en ello.

(Foto: A.D.)