martes, 5 de marzo de 2019

ALGUNAS PREGUNTAS SOBRE LA ZAL DEL PUERTO DE VALÈNCIA


Ahora que aterrizamos en tiempos de elecciones (Fallas mediante) y que, por decisión del president Puig, las municipales de València se separan de las Autonómicas,  se me ocurren una serie de preguntas sobre el puerto de la ciudad.



(Foto Kike Taberner)


Si el Estado pudo encontrar 50.000 millones de euros para salvar a los bancos, mucho más sencillo resultará dar con 160 para compensar al Puerto de València por los terrenos de huerta donde, pese a haber sido revocado por judicialmente, pretende construir un gran almacén de contenedores, ¿no les parece? Además, estamos hablando de “Puertos del Estado”, un entidad pública. ¿Qué problema puede haber para que una entidad pública, y más en tiempos de gobiernos progresistas, entienda que el interés general está por delante de su negocio? No hay mayor negocio que dar satisfacción a la ciudadanía, no puede haber mejor inversión que pensar en las generaciones que han de venir, ¿o pensamos que el territorio nos pertenece a nosotros? ¿Cómo va a estar su negocio portuario por delante de todo? ¿Dónde radica la dificultad del Ministerio de Fomento para entender eso?


Joan Ribó (izq), alcalde de València,  y Aurelio Martínez, presidente del Puerto (foto: AP). 


¿Como se explica que con gobiernos de progreso en Madrid, en la Generalitat y en el Ayuntamiento de València se desaproveche la posibilidad de unir con un espacio de huerta y sostenible el antiguo cauce del Turia convertido en pulmón verde con el Saler y la Albufera? ¿Por qué se renuncia a ese corredor ecológico? En tiempos de instituciones que se llenan la boca de sostenibilidad, ecología, alimentación saludable, aire limpio, cambio climático y similares, ¿qué es lo que no se entiende de lo reclaman los colectivos más comprometidos con esta histórica reivindicación ciudadana? ¿Será posible que lo entendieran mejor los gobiernos postfranquistas que renunciaron a convertir el río en una autopista y el Saler en una macrourbanización que nuestros gobernantes de 2019? El que no lo entiende soy yo que recuerdo perfectamente todo lo que los que hoy gobiernan decían de los planes del PP que ahora ellos no se atreven a revertir.

(Foto DP)

Valencia es una ciudad con puerto. Ser la ciudad del puerto es otra cosa: otra cosa bastante peor. Creciendo, creciendo, ¿se pretende que el puerto acaba engullendo la ciudad? ¿O solo a un par de barrios y eso afecta a tan pocos vecinos que no importa? ¿Hemos borrado de nuestra memoria a las 600 personas desalojadas? ¿Un Boluda vale más que todos ellos? ¿Hemos olvidado lo que dijimos entonces? ¿Lo que hace años nos escandalizaba lo vamos a resolver con un triste “qué se le va a hacer”? ¿Vamos a pasar página de tantas amenazas sufridas, persecuciones, noches sin dormir, lágrimas derramadas, de las balas de goma contra la firmeza de tantas generaciones atadas a la tierra, de excavadoras haciendo desaparecer nuestra historia. ¿Nos hemos olvidado del centenar de casas destruidas? ¿Y de los 680.000 metros cuadrados de huerta arrasados? ¿Nadie recuerda eso? ¿Nadie va a hacer por reconocerlo? ¿Ni las sentencias judiciales importan? ¿De qué pasta están hechos quienes dicen que, pelillos a la mar, hechos consumados, la historia, por más injusta que sea, no se puede reescribir? ¿Hay que aceptar que las clases populares, las que no tienen despacho, ni chófer, ni una legión de abogados, ni hilo directo con las instituciones, pierden siempre aunque ganen los juicios? Sí, la ZAL fue derrotada en los tribunales. Derrotada. Y no una vez sino dos; en 2013 y en 2015. Lo que dijeron que era urbanizable dejó de serlo por decisión judicial. Después de muchos años de resistencia y sacrificio de la gente de a pie, aquellos terrenos de huerta volvieron a ser “no urbanizables de espacial protección. ¿Ni eso vale?
No, claro, vale lo de crear empleo, como un mantra que todo lo puede. ¿Se creen de verdad que todavía cuela lo de crear empleo? ¿Se creen que no sabemos que lo dicen los mismos que animan siempre a los gobiernos de turno a que les faciliten los despidos? Ya está bien de usar a los trabajadores como escudos humanos para poder seguir mandando gobierne quien gobierne. ¿Nos toman por tontos? ¿A nadie le sorprende que siendo los líderes en obras inútiles, grandes proyectos y construcciones faraónicas seamos también los reyes del desempleo? No cuela. ¿No será que la economía especulativa, de casino y depredadora del territorio es también depredadora de personas?
Ciertamente nos quieren tomar el pelo. Ahora resulta que no se puede paralizar la ejecución de la ZAL porque, si no, el puerto se para, lo ahogamos. Qué mala memoria. Lo mismo decían en 2002. Sí, en 2002. ¿No se acuerdan que las prisas por cargarse la huerta era también al grito de que todo era muy urgente? Pues ya ven la urgencia, han pasado 17 años y parece que el puerto no ha parado ni se ha ahogado.
Mienten. Mucho. ¿Hemos olvidado que hace poco más de tres años el presidente del puerto, Aurelio Martínez, estando ya en el cargo, decía que no era necesario que la ZAL estuviera en La Punta? Más concretamente, ¿bromeaba Martínez cuando en agosto de 2015 aseguraba que la ZAL estaría mejor en otros sitios? ¿O bromea ahora cuando dice que quien no quiera ZAL que pague. ¿A qué parecen las palabras de un alto directivo de una empresa multinacional deslocalizada? Pues no, son de todo un servidor público al frente de un puerto de titularidad pública e interés general. ¿Suena raro, no? Parece mentira, cuesta creer que sea verdad todo lo que está pasando. Parece una pesadilla que después de los 25 años de Rita Barberá despertemos y los buitres de la ZAL sigan sobre nuestras cabezas, como si los cambios en las instituciones fueran simples recambios para tenernos entretenidos. ¿Cuándo mienten? ¿Cuándo dicen la verdad? Quizás todo sean simplemente verdaderas mentiras o mentiras de verdad.


lunes, 28 de enero de 2019

IGUAL EL RARO SOY YO: SOBRE JULEN Y VENEZUELA


Esto no es una de esas cadenas que pretenden conseguir más y más copias de un determinado mensaje pero sí que tengo curiosidad por aclarar si soy un bicho raro o hay más que piensan parecido a mi. Me gustaría saber cuanta gente está cansada de recibir información (o lo que sea) sobre la muerte del pobre niño Julen en Málaga y cuanta se avergüenza de sus políticos cuando los ve cargar día tras día contra Venezuela y pedir a su gobierno elecciones y más democracia mientras callan con Marruecos, con China, con Rusia, con Arabia Saudí, con Emiratos, con Qatar, con Guinea, con Nicaragua o con tantos gobiernos sátrapas como si de regímenes ejemplares se tratara. Yo estoy cansado del “caso Julen” y me avergüenza lo de Venezuela.
No es que no comprenda el dolor de los padres del pequeño malagueño, tengo una hija y no imagino nada peor; ni que no quiera una convivencia en paz y un futuro habitable para los venezolanos, pero me parece que ya está bien.
Ya está bien de alimentar el morbo alrededor de un niño caído en un pozo y de hacer como que no existen los miles y miles de menores que, también ante la impotencia de sus padres, mueren de sed, de hambre o de enfermedades perfectamente curables en cualquier lugar del mundo o, incluso, en  nuestras propias ciudades. O los que pierden la vida en el Mediterráneo, o en la frontera entre Méjico y los Estados Unidos, o bajo las bombas de Irak, Siria o Afganistán. Claro que entiendo que para rescatar al pequeño Julen se movilizaran los medios que se movilizaron pero no comprendo que nuestra sanidad, nuestros servicios sociales o nuestra educación pública dejen desamparados a tantos otros pequeños que, por culpa de una desigualdad asesina, viven en las calles, en la marginalidad o nunca van a poder salir de la miseria después de una vida de abusos, privaciones y sufrimiento que ninguna persona merece. No comprendo que todo eso suceda ante nuestros ojos y que los medios nunca entren en la cuestión o, lo que es peor, que suceda y que los medios, especialistas en rebuscar en bragueta ajena, utilicen estos días el “caso Julen” para taparlo. ¿Cuánto costo el dispositivo de Málaga? ¿Cómo puede ser que aplaudamos eso (yo lo hago) y recortemos y recortemos el pago de impuestos que han de sufragar que la administración pueda proteger a sus niños (y a sus mayores) al mismo nivel que se implicó en esa búsqueda de Julen?


(Foto: Reuters)

¿Y lo de Venezuela? Pues parecido. ¿Nos quieren hacer creer que Venezuela es la representación de todos los abusos antidemocráticos del planeta? ¿Dónde está el supuesto precepto constitucional que justifica que un señor se autodeclare presidente en medio de una plaza pública? Me miro y me remiro el famoso artículo 233 y no veo nada. Que no, que no me trago la filantrópica preocupación por la democracia venezolana. ¿Cerramos todo el centro de Madrid para recibir con honores y genuflexiones al presidente chino y lanzamos ultimátums a Maduro? ¿Comerciamos con armas con Arabia Saudí y cedemos a sus chantajes pero resulta que todos seguimos el diseño de Trump para poner un gobierno amigo en Venezuela? ¿Trump y los Estados Unidos son la referencia democrática en su relación con terceros países? ¿Tanta razón tienen Trump, Bolsonaro, Casado o Rivera que la izquierda española no tiene un discurso alternativo? Si esto es una historia de buenos y malos yo no me puedo creer que los buenos sean los personajes referidos y el malo Maduro; me temo que es todo bastante más complejo y que no se resuelve con amenazas. En realidad, me parece que los supuestos salvadores de Venezuela no son más que agentes de una nueva forma de colonialismo. Me da que si Venezuela no tuviera el petróleo que tiene, no merecería la atención internacional que merece, ni la derecha estaría tan preocupada por los venezolanos, como no lo está por los marroquí, chinos, nicaragüenses o guineanos. Pero lo dicho, igual el raro soy yo.

lunes, 14 de enero de 2019

NI VALENCIA ES PORTUGAL, NI TODA LA IZQUIERDA LO MISMO




Portugal, ese ejemplo de que sí, de que es posible un gobierno de izquierdas transformador, acaba de aprobar la puesta en marcha de un Sistema de Depósito, Devolución y Retorno de envases de bebidas (SDDR). Un sistema que ya funciona en el medio mundo más respetuoso con la sostenibilidad del planeta y que entre 2015 y 2018 estuvimos a punto de implantar desde la Secretaría de Medio Ambiente del Govern del Botànic de la Generalitat. Finalmente no vio la luz porque el gran poder económico mandó parar y no lo permitió. Ya se sabe, los poderosos ni protestan ni reclaman, ellos tienen capacidad de amenaza y de chantaje y están acostumbrados, entonces pasó, a que los jefes y jefas de gobiernos cedan. 

La implantación del SDDR en el País Valenciano fue aquel intento que se frustró por el ordeno y mando de los grandes supermercados que en estas tierras valencianas sabemos que, ajenos a cualquier conciencia ambiental, mercadean con el consumo de las personas más y más que en ni ningún otro sitio. 

Fue aquella iniciativa comprometida y  verde que se bloqueó por el empeño de la patronal, esa que ahora defiende “Puerto/Intu Mediterraneo” como si el negocio estuviera antes que las personas y como si solamente fueran empresarios los que operan en paraísos fiscales y no los centenares de hombres y mujeres que levantan las persianas de sus comercios cada mañana.

Pues bien, en Portugal la ley del SDDR ya tiene la aprobación del Parlamento. La puesta en marcha se hará en lo que equivale a toda una legislatura, igual que lo teníamos previsto aquí. La ley portuguesa enumera las razones para la implantación del sistema, y tampoco difieren de las nuestras: disminuyen las toneladas de plástico incinerado y enterrado en vertederos, se reduce el impacto ambiental y el abandono en el territorio de millones de botellas, se valorizan mejor los materiales, se progresa en economía circular, se recorta en gasto de combustibles fósiles, se avanza en la independenciaLa norma portuguesa, a diferencia de lo que se planteaba  del 1 de enero de 2022 ya se cobraran los envases con depes supermerca energética del país, se mejora la calidad del material resultante de los residuos, se favorece el cumplimiento de los acuerdos sobre el clima de París 2015 y se crean muchos puestos de trabajo. Yo añadiría una razón más, de carácter más político. Implantar el SDDR suponía apostar por una gestión responsable y sostenible de los residuos de acuerdo con un nuevo modelo económico con el que el Govern del Botànic se decía comprometido.  No es una cuestión menor: era un vector de cambio real que impulsaba la profundización democrática que necesitamos para construir una voluntad compartida contra el miedo y la desconfianza, esas sombras que hoy sacuden nuestras sociedades.



La previsión de la ley portuguesa es que el sistema arranque a finales de este año 2019. Durante 2020 y 2021, y a cuenta de la propia administración, se dará un incentivo, una especie de gratificación al consumidor, por cada envase que se devuelva y a partir del 1 de enero de 2022 ya se cobraran los envases con depósito (latas, plástico, tetra-brick y vidrio). El sistema será gestionado por la Agencia Portuguesa del Medio Ambiente (APA) “con la participación de otras entidades”, que es la manera de facilitar la intervención de los distintos agentes implicados en el proceso. Vamos, lo que también defendimos en nuestro caso.
La norma portuguesa, a diferencia de lo que se proponía para el País Valenciano, obliga por ley a todos los grandes supermercados, de 2.000 metros cuadrados o más, es decir, y para entendernos, del tamaño de un Mercadona hacia adelante, a ceder “gratuitamente” espacio para la instalación de las máquinas de recogida y, además, a habilitar una zona para vender exclusivamente bebidas en envase retornable. En nuestra propuesta, la recogida se hacia en el conjunto de comercios y todos tenían una compensación por gestionar los envases. Dejar fuera los establecimientos medianos y pequeños los excluye de un un flujo económico y un reclamo comercial importante.

Los legisladores portugueses, en la exposición de motivos de la nueva regulación, especifican que el sistema de Devolución y Retorno es el único que garantiza que se podrán cumplir las exigencias europeas en cuanto a gestión de plásticos y residuos en general. Cifran su actual porcentaje de reciclado de envases de bebida  en un inaceptable 30%, muy parecido al que hay en Valencia, y explican tan negativo dato diciendo que el “punto verde” que se paga actualmente por la gestión de los envases, como en España,  no supone ningún incentivo para el ciudadano. Recuerdan, como repetidamente hicimos también nosotros, que, frente a su 30% de reciclaje, en los países que ya disponen de SDDR se supera claramente el 90%.

¿Y quien votó la ley portuguesa? Pues la derecha, miren ustedes qué cosas. Bueno, no solamente la derecha, es verdad. La propuesta vino del diputado del PAN (Personas, Animales y Naturaleza) y la secundaron el gobernante Partido Socialista y el Bloque de Izquierdas, su apoyo parlamentario. Pero también votó sí la oposición: el PSD y el CDS-PP, dos formaciones derechistas que pertenecen al Partido Popular Europeo, compañeros pues de nuestro PP. No hubo votos en contra. El Partido Verde y el Partido Comunista se abstuvieron. Ambos consideraron que la ley se queda corta.

Así pues, un proyecto casi idéntico al valenciano pero con un desenlace bien distinto. Tal vez las cosas vistas desde Portugal son diferentes, puede que allá la derecha no sea tan irresponsable,  o que su patronal no sea tan miope. Quién sabe. Quizás es que en Lisboa la izquierda gobernante actúa con mayor valentía que la nuestra o, a lo mejor, es que los supermercados portugueses ponen precio a sus productos pero no a la cabeza de los cargos políticos.

(Fotos: V.S.)

lunes, 3 de diciembre de 2018

MÁS DEMOCRACIA O MÁS ULTRADERECHA, HAY QUE ESCOGER




No me voy a extender, palabra, pero hay un par de reflexiones que quiero hacer sobre el resultado de ayer en Andalucía. 
Una reflexiones desde el campo de la izquierda y para la izquierda:
La primera, para el PSOE (suponiendo, que es mucho suponer, que se le tenga que encuadrar en la izquierda): Cuando la izquierda es "progre" de discurso pero gobierna pegadito a la derecha pierde los votos de izquierdas y, por supuesto, no gana los de derechas.
La segunda, para Podemos: Una izquierda que se pretendía nueva y transversal no puede unir su imagen en exclusiva a Izquierda Unida. No aporta nada, resta. No son los mismos votantes. La suma debe ser a posteriori, no previa.
Y dos detalles más:
1. No hay discurso alternativo al neoliberal. Se acepta jugar la partida en su terreno y allí no hay nada que hacer. El mensaje transformador de la izquierda pasa por lo verde, por la ecología, no entendida como salvar al oso polar (que también) sino como vector de cambio que garantiza una vida digna para las personas de acuerdo con las capacidades del planeta. Eso quiere decir un discurso nuevo de verdad, nuevas fuentes de puestos de trabajo y más igualdad huyendo de la falso crecimiento infinito y acercándonos a la prosperidad compartida.
2. La democracia se defiende con más democracia. El independentismo catalán no ha alimentado a la extrema derecha. La extrema derecha se ha nutrido de lo mal que se ha reaccionado ante el hecho de que una gran parte de Catalunya haya expresado su disgusto con el modelo de Estado. Si la respuesta es meter gente en la cárcel se acaba votando a los que mejor se mueven en esos métodos, la derecha, y cuanto más extrema mejor. Igual que a los vampiros se les combate con luz, a los "fachas" se les combate con democracia. En el caso catalán, urnas y referéndum. Si la unidad de España lo resume todo y solamente hay un modelo de España, los de derechas son los que tienen la bandera más grande.


miércoles, 7 de noviembre de 2018

FEUDALISMO VERSIÓN XXI




La historia oficial mantiene que el feudalismo desapareció allá por el siglo XVI. No es exacto, mejor dicho, no es cierto. El feudalismo sigue vivo. Claro que en una versión más civilizada, más discreta y menos evidente pero sigue, ya les digo yo que sigue. Hace 500 años dio un paso atrás pero fue para reorganizarse. Hoy como entonces se sigue respetando su sentido: no todos somos iguales ante la ley, por más que adaptemos sistemas de gobierno formalmente diferentes, una minoría muy minoría manda sobre los demás independientemente de quien gobierne.
Viene todo esto a colación, ya lo pueden imaginar, de la decisión del Tribunal Supremo de desdecirse y volver cargar sobre los bolsillos de la ciudadanía el pago de los impuestos vinculados a la tramitación de las hipotecas.
No sé que sucedió para que, anteriormente, unos jueces sentenciaran que quien debe hacer frente a ese pago son los bancos. Tuvieron un lapsus, está visto. Zafarrancho de combate, todas las fuerzas vivas de las finanzas patrias pusieron el grito en el cielo, las llamadas a capítulo y los contactos telefónicos sacarían humo y, sin disimulo y a cara descubierta, los jueces vuelven a reunirse y ponen las cosas en su sitio: a pagar los ciudadanos.
Tanta desfachatez impresiona. Es evidente que la Banca española usa su dinero (el nuestro, incluidos los 60.000 millones de los rescates) para comprar a quien hace las leyes y a quienes han de interpretarlas.
Por si faltaba algo, durante los días de dudas sobre la “última palabra” del Tribunal Supremo, no se privaron de avanzarnos que (la Banca siempre gana, como en los garitos más oscuros) si perdían la sentencia tampoco pasaba nada porque lo iban a repercutir en los clientes. O sea, te pongas como te pongas te voy a joder. O como decía Eduardo Galeano, “nos mean y dicen que llueve”.
Ayer, otra vez, ganó la Banca y perdió la gente; ganó el feudalismo y perdió la democracia; ganó la minoría y perdió la mayoría.
Mayoría, esa es la cuestión. La mayoría está representada en el Parlamento, luego debería ser allí donde se reaccionara y se legislara para que estas cosas no puedan pasar. Pero no. Gobierne quien gobierne, manda ellos.
Un día vendrá alguien que les quitará la razón. Como ayer el Tribunal Europeo de Derechos Humanos se  la dio a Arnaldo Otegi y reconoció que se le juzgo de manera injusta, como pasará con los presos políticos catalanes… pero eso será más adelante. Mientras, todo sigue “como dios manda” y aquí que no se mueva nada. El territorio es su solar y nuestros derechos su margen de negocio.
(Foto: Dani Duch)